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Proteger la madera no es solo “echarle un químico”: es entender por qué se degrada y resolverlo desde el diseño, el mantenimiento y, cuando hace falta, la preservación. El Manual para la protección contra el deterioro de la madera reúne criterios prácticos para diagnósticos en obra y decisiones de intervención: identifica agentes bióticos (insectos y hongos) y abióticos (humedad, radiación solar, fuego, agua subterránea), y diferencia entre conservación de piezas ya instaladas y preservación previa a la instalación, con la meta de alargar la vida útil y reducir costos de reparación.
En plagas, el texto pone foco en termitas (Isoptera) y coleópteros (anóbidos, líctidos, bostríquidos, cerambícidos), aclarando que el mayor daño lo provoca la larva que excava galerías por años. En hongos, separa mohos y azulados (impacto estético y aumento de permeabilidad) de las pudriciones parda, blanca y blanda, que sí comprometen la resistencia. Regla de oro: con >20% de humedad inicia el riesgo fúngico y con ≈30% el ambiente es óptimo para su desarrollo; por eso gestionar la humedad es la primera barrera sanitaria.
La protección por diseño constructivo busca mantener la madera seca y ventilada: despejar y reparar canaletas y bajantes, corregir pendientes de azotea, reacomodar tejas, separar la madera del suelo (20–30 cm) con bases y anclajes, y ventilar encuentros de vigas en muros (asientos con cartón/neopreno, huecos de ventilación, ménsulas o arrastres). Para la humedad por capilaridad en muros, el manual describe zanjas y pozos drenantes, barreras físicas, barreras químicas por inyección, sistemas eléctricos (electro-ósmosis) y revestimientos difusores: elegir bien depende del espesor del muro, el sitio y el presupuesto.
Cuando el entorno no alcanza, entra la protección química: seleccionar preservantes (insecticidas/fungicidas) por principio activo y método de aplicación (pincelado/aspersión, inmersión, inyección, o vacío–presión para penetración profunda, p. ej., sales CCA). La madera tratada debe pintarse contra radiación UV y lluvia; y el nivel de protección se define por normas (NOM/NMX, AWPA, ASTM, UNE-EN) según clase de riesgo. También contempla retardantes de fuego que reducen la velocidad de combustión y ganan tiempo de evacuación.
El cierre es metodológico: diagnosticar fuentes de humedad, identificar agentes (y su ciclo), combinar diseño + química solo donde sea necesario, y documentar penetración, retención y permanencia como control de calidad. Con este enfoque integral, la madera deja de ser un “dolor de cabeza” y se convierte en un material predecible, durable y eficiente para arquitectura, restauración y mueble.
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¿Se puede sustituir el triplay clásico por tableros “enlistonados” hechos con recortes sin perder desempeño? Una tesis de la Universidad Michoacana puso a prueba esa idea comparando tres tipos de tableros (triplay, enlistonados de madera sólida y enlistonados fabricados con recortes de triplay) en espesores de 16 y 19 mm, para medir sus propiedades físico-mecánicas y el comportamiento del adhesivo. El objetivo: aprovechar mejor la materia prima y darle salida de calidad a los recortes industriales.
El estudio detalla la configuración de cada tablero (número/espesor de chapas o listones, dimensiones comerciales) y el uso de adhesivo urea-formaldehído sobre Pinus arizonica; además, enumera el equipamiento de ensayo (máquina universal, hornos, autoclaves, balanza analítica, etc.) para garantizar mediciones comparables. Es decir, no fue una prueba artesanal, sino una evaluación formal con criterios de laboratorio.
¿Los resultados? No hubo diferencias estadísticas en ELP, MOR y MOE entre triplay, enlistonados de madera y enlistonados con recortes (16 y 19 mm), salvo que los enlistonados con recortes de 19 mm mostraron un MOE ligeramente superior a los demás. La resistencia a extracción de clavos fue mejor en los enlistonados de madera; en adherencia, los tableros de 16 mm rindieron mejor que los de 19 mm, y de estos últimos solo el triplay cumplió la norma de adhesión. En general, los tableros de 19 mm presentaron mayor contenido de humedad.
Visto desde la práctica, el triplay normal sigue siendo más resistente que los enlistonados; pero entre los dos tipos de enlistonados (madera sólida vs. recortes) las resistencias son muy similares, lo que habilita usos equivalentes siempre que no haya cargas pesadas ni impactos. En otras palabras: los recortes de triplay, bien integrados y enchapados, pueden convertirse en un tablero útil y predecible para muebles, panelería y aplicaciones interiores moderadas.
Para su adopción industrial, la referencia normativa existe: desde PS 1 de la APA para contrachapados de construcción hasta ASTM D3043 para ensayos en flexión de paneles estructurales. Con programas de encolado y control de humedad adecuados, la economía circular de los recortes puede traducirse en valor agregado sin sacrificar desempeño donde realmente importa.
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